LA NUEVA ENERGÍA: EL CONOCIMIENTO

En la pasada Era Industrial, mandaba el poder y el dinero. No todos podían disponer de ellos. Es verdad, el conocimiento también era poder, pero estaba en manos de unos pocos: en la Edad Media, de la Iglesia, posteriormente de los que podían adquirirlo y luego gestionarlo, como las grandes empresas y poderes políticos. Así se construyó el capitalismo, no solo como un sistema económico, enfrentado a tantos otros. Alguien dijo que el capitalismo tan solo es una manera imperfecta de determinar la efectividad en nuestro mundo.

Pero, lejos de debatir sobre los modelos económicos o sus diferentes variantes, las cosas hoy ya no son blancas o negras, de derechas o de izquierdas, capitalistas o comunistas, público o privado, y un largo etcétera de dualidades. Hoy el mundo es conocimiento accesible y compartido por todos y cada uno de nosotros, lo que deja “en jaque” a las grandes empresas, organizaciones e instituciones, cuyo único poder radicaba en la consecución, gestión y preservación del conocimiento, entre unos pocos.

Cuando el conocimiento se hace accesible a cualquiera (e Internet ha sido el instigador de esta revolución), el sistema capitalista que nos sostiene cambia o debe cambiar. Debe revisar el rol de las empresas e instituciones, el del ciudadano y el empleado, el de lo personal y lo colectivo. Simplemente resistirse a este necesario cambio de la accesibilidad, transversalidad y apertura, no sirve para nada! Crear leyes más restrictivas, prohibir, preservar derechos de propiedad exclusivos, intentar blindar el acceso al conocimiento y a su titularidad, etc. son esfuerzos baldíos e inútiles.

El conocimiento exige libertad para fluir y responsabilidad para hacer un buen uso de él! Luego esas son las dos tareas más importantes que debe asumir la sociedad (y en ella, las empresas, instituciones, organismos, etc.) como suyas. Y eso pasa por educar, por ejemplarizar, por promocionar la responsabilidad y la libertad, así como premiar su buen uso y mejor fin.

Ha llegado el momento del Bottomup (de abajo arriba), porque el conocimiento hoy está en manos de todos y esto exige revisar el rol de las empresas, organizaciones e instituciones, como he mencionado. Así, nosotros hoy como ciudadanos de un mundo sin fronteras, debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad y del uso que hagamos de nuestra libertad. Al fin y al cabo, nosotros las personas somos los que formamos la sociedad, desde las empresas u organizaciones del tipo que sean. Antes la persona debía encajar en éstas, ahora son las organizaciones e instituciones las que deben mirar de adaptarse al ser humano, por el bien de todo y todos.

El conocimiento nos hace poderosos e invencibles. Pero ese conocimiento debe ser responsable, pues tiene sus consecuencias y efectos en el mundo que, día a día, vamos creando. En sí mismo, el conocimiento no es bueno ni malo, como tampoco lo es el acceso a él, como creían los “iluminati” y similares, cuyo patrimonio era el conocimiento y protegerlo ante los desmanes humanos. Hoy el conocimiento es universal y, lo que es mejor, instantáneo, en cuanto en milisegundos cruza el globo terráqueo y se difunde sin control por las redes. Y cae en manos de sabios y de terroristas. Ya no tiene dueño, ni destinatario!

Así, ni las empresas deben seguir intentando atesorar conocimiento exclusivo, ni las instituciones, ni los que se consideran “iluminati”, con el derecho a disponer de él y difundirlo según su criterio. El conocimiento se ha convertido en un bien común y, como tal, hay que considerarlo, preservando el buen uso que se haga con él. Y hay que compartirlo, porque el conocimiento hoy se crea a partir de la diversidad y, a la vez, de la aportación de más conocimiento. Ya hemos visto como el mundo hoy es cada día más complejo y diverso y la solución a sus retos debe ser igualmente compleja y diversa. No hay organismo ni institución, ni país ni nación, ni ciudad o pueblo, ni experto, que pueda solucionar algo que nos afecta local y globalmente, colectiva y personalmente, por igual. La pobreza, el calentamiento terrestre, el decrecimiento económico, el nuevo concepto de trabajo, la educación para gestionar el cambio y la consiguiente incertidumbre permanente, son retos globales que exigirán acciones locales individuales y colectivas, adaptadas a cada cultura, sociedad y conjunto de valores de unos ciudadanos del mundo unidos por y para aumentar el conocimiento.

Fenómenos actuales como la Economía Colaborativa, el “Wiki” (la generación de contenidos por los usuarios), el Crowdfunding (financiación por micro-participaciones de los usuarios) o el Crowdsourcing (desarrollo de productos y soluciones por parte de los usuarios) son muestras evidentes de la utilidad del conocimiento compartido y suponen una respuesta concreta para resolver retos o solucionar ciertos problemas. En esta nueva Revolución Industrial está claro que el conocimiento compartido y la colaboración serán las claves del progreso.

 

Miguel Benavent de B.

05 de Julio 2017.

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By |2017-07-05T16:39:34+00:00July 5th, 2017|Company, Human Capital, International, Management, Network|0 Comments

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